lunes, 30 de abril de 2007

Mermelada de perlas

- “Deberían darle el Oscar a mejor película del año. Y, por supuesto, Eddie debería ganar el de mejor actor”.

La frase es de un amigo mío. La pronunció en 1992, y se refería, con esa mezcla de mitificación y soberbia que se te implanta en la cabeza al mismo tiempo que los granos inundan tu cara y el alcohol y el tabaco llaman a tu puerta, al video de "Jeremy", esa pequeña obra maestra de Pearl Jam.
Cuando en 1991 el mundo se giró a Seattle y quedó petrificado ante el talento decadente de Kurt Cobain, tardaron apenas un par de meses en rebuscar en la misma ciudad por si había más basura de ese nivel. ¡Bingo! La había, y a montones. Fue entonces cuando “Alive” se convirtió en un himno tan importante como “Smells like teen spirit”. Fue entonces cuando Ten le disputó al Nevermind todos los premios del año. Y fue entonces cuando la desesperación se convirtió en poesía.

“Hearts and thoughts they fade...away”
La voz de la América real. Del sueño americano deshecho. De los perdedores. De la clase baja sin futuro. De los verdaderos sufridores de un sistema social inútil y selectivo. La voz de un sociedad que no estaba tan bien como creían, o como querían enseñarnos. La voz de una sociedad enferma. Capaza de crear niños que se suicidaban o que mataban a sus compañeros. De generar asesinos en serie. Llena de hogares destrozados. Y lo que es peor. Por primera vez desde el siglo XIX, una sociedad sin esperanza. There's no hope.
Eddie se convirtió en ese momento, no sólo en el poeta de esa realidad, también en su voz. Ese timbre increíble. Esa sonoridad masculina, tan poderosa, maleable y vertiginosa a partes iguales. La dulzura absoluta que te jura amor eterno, y el látigo que te golpea y maldice. Tu conciencia y tu amigo.

Ten supuso la aparición de una banda con mayúsculas. El talento de Gossard, Ament, Abbruzzese y McCready en la composición se vio coronado y capitalizado con el buen gusto de Eddie. “Once” abría la caja de pandora. Y desde entonces no ha parado. “Alive”, Jeremy”, “Even Flow”, Porch”, "Garden", en fin, todas. Pero sobre ellas, aquella en la que el señor Vedder cantaba cosas como ésta: “I know someday you'll have a beautiful life, I know you'll be a star
In somebody else's sky, but why, why, why. Can't it be, can't it be mine”

Después llegó la furia del “Animal” y la dulzura de “Daughter”. Y por supuesto la belleza inverosímil de “Rearviewmirror”.
La trilogía tenía que ser perfecta. Vitalogy lo hizo posible. Un disco magistral. Nada que destacar porque no hay nada que esté por debajo. Lo mejor que han hecho. Insuperable.
Más tarde otro gran disco como No Code, dio paso a muy buenos trabajos, que se mantienen por encima de la media. Un sonido más clásico, aunque siempre parecieron destinados a ello, se ha apoderado de sus canciones.
Y todo esto regado, al igual que Oasis, con una caras b brillantísimas. Cuando gente como ellos deciden sentarse a componer, sabes que va a salir algo, como mínimo, brillante.
Y qué decir de su directo. Juzguen ustedes.



2 Comments:

Blogger >>> rbk said...

Puff ¡Qué recuerdos me han invadido de repente! Tremenda banda, tremenda voz la de Eddie y tremento artículo. Me he emocionado! Mírate esto que encontré por La red porque también tiene lo suyo. http://www.bifurcaciones.cl/001/Sierralta.htm

8:03 p. m.  
Blogger dt said...

Gracias por lo del artículo. El link que me has enviado me llevará un tiempo leerlo, pero es increible ver la cantidad de frikis, y el nivel de frikismo que hay en la red. Esto es matrix.

4:05 p. m.  

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